Bogotá Contada - Libro al viento
Este libro me fue regalado en un Jazz al Parque, hace parte de un programa social de la alcaldía.
Leí este libro en el transporte público, en el trayecto de camino al trabajo y al regresar a casa; donde trabajo es de las zonas de más clase alta de la ciudad, es la zona de bares y comercio de niveles altos, por allí pasan famosos, influencers, extranjeros y trabajadores de importantes empresas. Y luego estamos los clase media y los clase baja que sostienen la mayoría de todo este mierdero.
Bogotá es una burbuja con burbujas adentro, es un país diferente, es una ciudad que tiene de todo, pero separado por fronteras. Una frontera puede ser una calle, un puente, una corriente de agua, una estación de trasmilenio, puede serlo también el dónde comes, dónde gastas tu dinero, cómo comes, cómo gastas tu dinero, el cómo vistes, el cómo hablas, el cómo hueles, el cómo ríes o caminas, el medio en el que te transportas, tu trabajo, el de dónde vienes, el de qué universidad o colegio saliste.
Por el lugar donde vivo y donde trabajo no he podido conocer a toda Bogotá, vivo en el norte y dicen que eso es de “ricos”. Y en efecto, no es barato el vivir aquí. No todo es así pero en general se considera que es “mejor” que otras zonas. El sur… el sur se me hace lejano pero sé que está a un pasito mío, y no, no hablo en términos de distancia.
El sur de Bogotá se tiene catalogado como lo denso de la ciudad: peligroso, pobre, lo marginado. “Por allá es una gonorrea” y en efecto, es el ser humano sobreviviendo, y se sabe que el ser humano sobreviviendo vive siendo salvaje, es un chango puro. Cuando hay hambre no hay moral, no hay sentimientos, no hay reglas, no eres estado, no hay un Rousseau, no hay ilustración, no hay valores; y no es cuestión de elección, es cuestión de que naciste con cadenas, cadenas sociales, cargas, herencias; es cuestión biológica, tu cuerpo no sirve sin comida, mueres.
En el otro lado, existen también de estos pero ya es por puro arribismo, puras ansias de poder, narcisismo y egoísmo puro, no es hambre, es otra vuelta muy diferente, es ser hijueputa.
Conocí el sur de Bogotá por este libro, una pequeña parte , en realidad. Podía ir a mi trabajo en lugar pupi pero vivía en zonas sur de Bogotá. Los escritores de este libro se criaron allí y en medio de sus anécdotas, contaban la ciudad. Una frontera era este libro. Iba y venía de la misma Bogotá.
El libro en sí, no es la ostia, pero es muy, muy, muy clase media, es decir que, en muchas cosas me conecto con sus autores, como se ve en cien años de soledad, pareciera que el tiempo pasara en círculos. Hay tantos patrones que se repiten y no cambian.
Decía que no estoy muy lejos del sur porque 1) Un clase media está más cerca de caer en la pobreza pura y pertenecer allí que estar en el lado que tanto babosea y por el que lamen tantos culos. 2) Nací en barrio popular, crecí con parceros que han ido a Canadá y muchos ya murieron por andar en vueltas que no merecían. Soy barrio; conozco las mañas, las ideas, las formas de comunicarse, conozco el frío, el hambre, las ansias de querer tener mucho dinero y ser como son todos en redes sociales, buscar ese sueño inalcanzable de algún día ser el millonario que muestran en los videos de música popular o de reggaeton, sé lo que es no tener para la carne, lo que es pedir fiado, conozco la fuerza de hacerle a lo que sea con tal de comprarle algo a tu hermana menor para su cumpleaños, he vivido las miradas de la clase media que quiere y cree ser de alta y de estos ni se diga, su mirada de ásco y superioridad. La he vivido en mi pueblo y la he vivido en Bogotá. Crecí viendo a mis papás irse desde muy temprano y llegar tarde, cansados, vueltos mierda, ultrajados por hptas, llegaban a reprimir, pasaban de ser los oprimidos a ser los opresores, conozco el rebusque, el comprar ropa de segunda, comer por fuera era algo que se veía muy poco, conozco el lavar a mano, con boleros o llanera de fondo, el remendar cosas, el no poder ir a los paseos del colegio, el no tener casi juguetes y tener que construirlos, el primero la ropita y luego los juguetes, conozco los gritos del vecino que le pega a la mujer y luego lo tienes al lado fumándose un cigarro y hablando de la bondad de los creyentes de dios. He visto amigos ir al ejército, volver más vigas, pero más locos, el perder su identidad y pasar a ser un extremista del orden y la disciplina. La obediencia bruta. He vivido en el barrio al que los taxistas no quieren ir por estar lejos, en el que cobran más de lo que es, el barrio donde el pelado de las vacas ahora es apartamentero y tiene severo carro y los demás le envidian porque eso es el éxito para cualquiera.
Soy más del sur que del norte, ¿por qué no he ido? Pues porque no soy marica y sé y conozco la maldad del ser humano, no romantizo la pobreza, es una mierda. Sin embargo, han nacido en mí cosas y acciones que tanto he reprochado aquí, me desconozco; una burbuja te cambia, y no son cambios para bien, son patrones arribistas y de puro Gil que no quiero tener. ¿Entonces que soy?¿a dónde pertenezco ? ¿debo pertenecer a algún lugar?
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